Allegro

Toco Haydn después de un día negro
y siento un sencillo calor en las manos.

Las teclas quieren. Golpean suaves martillos.
El tono es verde, vivaz y calmo.

El tono dice que hay libertad
y que alguien no paga impuesto al César.

Meto las manos en mis bolsillos Haydn
y finjo ser alguien que ve tranquilamente el mundo.

Izo la bandera Haydn —significa:
«No nos rendimos. Pero queremos paz».

La música es una casa de cristal en la ladera
donde vuelan las piedras, donde las piedras ruedan.

Y ruedan las piedras y la atraviesan
pero cada ventana queda intacta.

Tomas Tranströmer

Un poema de Tomas Tranströmer

Schubertiana

IV

¡Tenemos que confiar en tantas cosas para poder vivir nuestro día
diario sin hundirnos en la tierra!
Confiar en las masas de nieve que se agarran a las pendientes de la
montaña que hay encima del pueblo.
Confiar en las promesas de silencio y en la sonrisa del consenso,
confiar en que el telegrama fatal no nos ataña a nosotros y que
no llegue a descargar el repentino hachazo desde dentro.
Confiar en los ejes de las ruedas que nos llevan por las autopistas
en medio del enjambre de abejas de acero trescientas
veces ampliado.
Pero en realidad nada de eso merece nuestra confianza.
Los cinco instrumentos de cuerda dicen que podemos confiar en
otra cosa.
¿En qué? En otra cosa y nos acompaña un trecho en el camino
hacia allí.
Como cuando se apaga la luz en la escalera y la mano sigue-
con confianza- el ciego pasamanos que encuentra el camino
en la oscuridad.

Tomas Tranströmer

Boceto de Octubre. de Tomas Tranströmer

Boceto de Octubre

El remolcador tiene pecas de óxido. ¿Qué está haciendo tan adentro en tierra?
En el frío es una pesada lámpara apagada.
Pero los árboles tienen colores intensos. ¡Señales a la otra ribera!
Como si algunos quisiesen ser rescatados.

Camino de casa veo matacandiles que surgen del césped.
Son los dedos, que piden ayuda, de alguien
que ha sollozado mucho tiempo para sus adentros ahí abajo en las tinieblas.
Somos de la tierra.

Tomas Tranströmer