Un poema de Silvia Piranesi

El mejor amigo del hombre

y si quitamos el sillón? o le damos vuelta. o nos deshacemos de las fotografías en el sillón. ese sillón nunca fue mío. tenía mucho sol. pobre sillón desteñido. pobre mujer acostada roja y en despacito. leímos a los grandes en ese sillón. bailamos como grandes. café del palomar. ventanal luciérnago. no cabíamos todos en el sillón. sólo uno por uno. muchos besos de frente, de costado, de mentiras. las pruebas de cartier-bresson y los tantos tangos. oiga la letra. oiga eso que dice. suave, ya lo va a repetir. como en la danza, si un movimiento le gustó lo va a volver a ver. volverlo a ver. volverlo a ver. al movimiento. cuando me acerco. cuando me caigo. cuando me río. oiga lo que dicen las escaleras. se viene cena, pero vengan de verdad. o seamos egoístas y no invitemos a los amigos. o sea egoísta por su cuenta. ser egoísta va por cuenta propia. o separada. el sillón se pasó de casa. sigue siendo el mismo, sólo que más callado. cabizbajo tiene gato nuevo. mesa nueva. niña nueva. no tiene pasillo ni puerta. herencia sombra pálida. cortinas altas. escribimos como grandes en ese sillón. nos aplaudimos toda vida dispuesta al tropiezo y a la belleza. toda circunstancia puesta en evidencia. toda duda siempre se fue por la borda. tiene razón tu lámpara, que también bizca se pasó de casa y provocaba siluetas disparatadas. y si escondemos el sillón? y si lo metemos en nuestro cuarto y lo salvamos? y si escuchamos su voz los domingos? y si lo dejamos solo? si lo salvamos de los otros? y si no nos salvamos? y si nos salvamos brutos del sillón automático? sillón tuve rojo de nosotros. bello sillón juntos todo va mejor.

Silvia Piranesi

Lo que sé, de Silvia Piranesi

Lloré abrazada a una mula, como Nietzsche. No hay mejor excusa para la
tarde. Fui a tu casa de noche. Volví a verte. El perro sin cuerpo que
ladra desde la calle. Allá en el fondo sé que hay un perro y sé que no
hay nada. Sé que en la esquina muerde la calle. Sé que no hubo tiempo.
Sé que todo ladra. Sé que volver a casa es llorar como perro, ladrar
como mula. Sé que no hubo lluvia. Ni eco ni odio. Sé que no lloré
abrazada a una mula. Sé distinguir el negro del negro. Sé contar los
números, perderlos de vista, inventar una secuencia que me lleve a la
ciencia. Sé que no estoy perdida. Sé que perdí la habilidad de
recordar la cronología lenta de mis eventos.