Un poema de Rumi

Si pudieses liberarte, por una vez, de ti mismo,
el secreto de los secretos se abriría a ti.
El rostro de lo desconocido, oculto más allá del universo,
aparecería en el espejo de tu percepción.
En realidad, tu alma y la mía son lo mismo.
Aparecemos y desaparecemos el uno con el otro.
Este es el verdadero significado de nuestras relaciones.
Entre nosotros, ya no hay ni tú ni yo.
El valle es diferente, por encima de religiones y cultos.
Aquí, en silencio, baja la cabeza.

RUMI

Qué puedo hacer…, de Rumi

¿Qué puedo hacer, oh musulmanes?,
pues no me reconozco a mi mismo.
No soy cristiano, ni judío,
ni mago, ni musulmán.
No soy del Este, ni del Oeste,
ni de la tierra, ni del mar.
No soy de la mina de la Naturaleza,
ni de los cielos giratorios.

No soy de la tierra, ni del agua,
ni del aire, ni del fuego.
No soy del empíreo, ni del polvo,
ni de la existencia, ni de la entidad.

No soy de India, ni de China,
ni de Bulgaria, ni de Grecia.
No soy del reino de Irak,
ni del país de Jurasán.

No soy de este mundo,
ni del próximo,
ni del Paraíso,
ni del Infierno.
No soy de Adán, ni de Eva,
ni del Edén,
ni Rizwán.

Mi lugar es el sin lugar,
mi señal es la sin señal.
No tengo cuerpo ni alma,
pues pertenezco al alma del Amado.

He desechado la dualidad,
he visto que los dos mundos son uno;
Uno busco,
Uno conozco,
Uno veo,
Uno llamo.

Estoy embriagado con la copa del Amor,
los dos mundos han desaparecido de mi vida;
no tengo otra cosa que hacer más que el jolgorio y la jarana.