La mujer-duna, de Raquel Zarazaga

LA MUJER-DUNA IX

Y ahora que sus ojos
-de vuelta de los canchos-
se acostumbran de nuevo
al azul de la mar,
cuando sus tripas gruñen aún
con el vaivén del viento entre las rocas,
sigue su cuerpo abriéndose paso
entre aulagas y palmitos,
andando sin pisar,
trazando el rumbo por encima de sus pasos…
No es caminar,es trasponer
los límites de ella misma para salirse
del engranaje lineal
y fluir en otro tiempo,con otra medida.
Y aunque no sabe cómo eramos entonces
(realmente nadie lo sabe)
algo palpó allí:
la cercanía de sus identidades,
el palpitar de los fluidos
dentro de sus cuerpos
como si las cavidades de aquellas rocas
hubieran guardado allí
esas huellas,
custodiado su memoria…
Lo cóncavo y sus aristas,
los volúmenes que se rompen,
líneas rectas que se estiran.
Luz malva de los márgenes
perfila los límites
pero ¿qué hay aquí?
¿quién pasa más allá?
Delimitamos-marcamos …
creemos definir los contornos
trazar con precisión la ruta de los días,
señalar con hitos a lo largo del camino
los cruces más difíciles,
allí donde no hay más remedio que desviarse
o donde solo se puede ir sin vuelta atrás.
Y saber que cada tramo importa,
cada pisada, cada latido…

RAQUEL ZARAZAGA

Frontera sur, de Raquel Zarazaga

FRONTERA SUR

III

FATUMEH
-la de los ojos de gacela-
sonríe.
Ahmed sonríe.
Su codorniz ha puesto siete huevos.

Hoy es viernes, día santo.
No viernes santo.
(Eso queda más lejos)
Vuelven del campo
en la trasera de la camioneta.
La rueda derecha
se cimbrea peligrosamente.
La izquierda es la mitad de ancha.
La de repuesto va debajo
y es más gruesa que las dos.
Las manos que acarician
te enseñan de nuevo su tesoro.
Y en el dintel de sus ojos
sigues nadando -sin mapa-
pero el tiempo no te ahoga.

Te haces vidente
en los ojos del ciego que toca el sitar.
Bailas con lo invisible y aprendes a amarlo.

RAQUEL ZARAZAGA