EL HUESO DE LOS DESEOS

Una vez yo deseé
dos lunas en el cielo.
Pero necesitaba alguien que mirara y viera
las dos lunas
porque yo quería oír qué haría esa persona
para convencer a los demás en el pueblo
de lo que había visto.

Sabía que iba a ser divertido.
Así que lo hice.
Deseé otra luna allá arriba.
Y allí apareció, en el extremo opuesto a la antigua luna.
Entonces vi que se acercaba un hombre.
Por supuesto que deseé que pasara por aquí.
Miró al cielo.
¡Tenía que ver la otra luna!
¡Una luna para cada ojo!
Se paró y miró
al cielo
un rato largo.

Miró entre los árboles
donde pensó que yo estaría.
Pero no me vio
porque yo estaba vestido de la misma noche.

A veces
deseo verme como el día,
pero esa vez
estaba vestido de la noche misma.
Entonces el hombre dijo:
—Hay algo raro
en el cielo esta noche.
Lo dijo en voz alta.
Lo oí con claridad.
Luego corrió a su casa.
Yo lo seguí.
Les dijo a los otros: —No lo van a creer,
pero hay SOLO dos lunas
en el cielo esta noche.
Tenía un gesto raro en la cara.
Entonces, todos los demás empezaron a mirar hacia el bosque.
Buscándome, sin duda.
—¡Solo dos lunas, ja ja! ¿Quién te lo va a creer?
No nos engañarás —le decían todos.
Querían devolverme la broma.
¡Eso lo tenía claro!
Así que, enseguida, deseé una tercera luna
en el cielo.
Entonces miraron y vieron tres lunas.
¡No podían no verlas!
Entonces un hombre
dijo en voz alta: —¡Eh, allí, miren!
¡allá arriba!
¡Hay solo una luna!
Bueno, ahora vayamos a dormir,
a la mañana
veremos qué hacemos.

Todos estuvieron de acuerdo, y volvieron a sus casas
a dormir.
Y ahí me dejaron, de pie
con tres lunas brillando sobre mí.
Tres había… De eso doy fe.

Jacob Nibenegenesabe, indio Cree

Poemas indígenas

FÓRMULA MÁGICA DE LOS NAVAJOS PARA PACIFICAR A UN ENEMIGO

Unta tus pies de polen
Unta tus manos de polen
Unta tu cabeza de polen
Ahora tus pies son polen
Tus manos son polen
Tu cuerpo es polen
Tu voz es polen
Es hermoso el sendero
Quédate quieto

CANCIÓN DE AMOR DE LOS KWAKIUTI

Si como,
como el dolor de tu amor, amada.
Si duermo,
sueño el dolor de tu amor, amada.
Si yazgo,
yazgo en el dolor de tu amor, amada.
Dondequiera que voy
piso el dolor de tu amor, amada.

EN LA GRAN NOCHE (PÁPAGOS)

En la gran noche se extraviará mi corazón.
Cascabelean las tinieblas.
Hacia mí avanzan las resonantes tinieblas.
En la gran noche se extraviará mi corazón.
En la gran noche.
En las cascabeleantes tinieblas.

CONJURO DE LOS IROQUESES CONTRA EL SER SIN ROSTRO

Nuestros abuelos, muertos hace mucho tiempo, dueños legítimos de nuestra
confianza, jamás vieron su rostro.
El rostro de quien nos injuria todos los días, todas las noches.
El rostro del ser de las tinieblas que yace en los lugares donde es noche cerrada.
El ser que gira en torno a nuestras cabezas y nos amenaza
con su arma oculta, con su hacha en alto.
El ser que murmura su objetivo de talador: “Destruiré la Obra, acabaré con la Alianza
de los Iroqueses”.
Nuestros abuelos decretaron llamarlo el Gran Destructor, el Ser sin rostro, el Ser
Maléfico en Sí Mismo: la Muerte