Décimas a una muchacha de la infancia

Iba cruzando la tarde
sobre mi caballo viejo
y era la tarde el espejo
donde bajo el sol aún arde
tu pelo, porque la tarde
siempre nació de tu pelo
y hasta el cielo no era el cielo,

sino el azul de tus ojos
empañado por los rojos
crepúsculos de otro cielo.
Y yo era niño y fundaba
con mi caballo tu risa,
tu risa que era la brisa
de la tarde que pasaba
y con la tarde volaba
hacia la ceja del monte

donde hasta el mismo horizonte,
rojo por el sol poniente,
iba del monte a tu frente
y yo de tu frente al monte.
Ahora es otra tarde y llueve,
pero el agua es de aquel día,
en que la lluvia quería
tallarte el cuerpo, en el breve
espacio donde se mueve
la luz dentro de una gota;

por eso esta lluvia brota
no de las nubes de hoy
sino de un tiempo en que estoy
rehaciéndote gota a gota.

Waldo Leyva

Tres poemas de Pedro Juan

HOMBRE EN PENUMBRAS

Este hombre tan serio
parece perdido en la penumbra del auto
frente al atardecer
sólo lo salvan sus ojos
dos ventanas tranquilas y pequeñas
en un castillo inaccesible
ahora el sol
hace una cinta de luz
sobre el cuello y la boca
extraña marca
que deja a este hombre
aún más solo y veloz en la carretera

SÁBADO POR LA TARDE

Una muchacha afeitándose las piernas
en el apartamento del frente
y otra lavando ajustadores y calzoncillos
no es un panorama muy variado
tal vez íntimo
pero como se repite cada sábado por la tarde
la misma muchacha con su cuchilla
y la otra con el detergente
hoy prefiero cerrar la ventana
entonces comienzo a escuchar
inquietantes escuadras de helicópteros
hacia el suroeste
hay maniobras en la costa

PLUSVALÍA

Están los guardianes que cuidan las manzanas
están los muchachos que quieren robar las manzanas
están los trabajadores que cultivan las manzanas
están los hambrientos que compran las manzanas
y está el dueño de todas las manzanas
con los hilos enganchados en los dedos

Pedro Juan Gutiérrez