Tres poemas de Pedro Juan

HOMBRE EN PENUMBRAS

Este hombre tan serio
parece perdido en la penumbra del auto
frente al atardecer
sólo lo salvan sus ojos
dos ventanas tranquilas y pequeñas
en un castillo inaccesible
ahora el sol
hace una cinta de luz
sobre el cuello y la boca
extraña marca
que deja a este hombre
aún más solo y veloz en la carretera

SÁBADO POR LA TARDE

Una muchacha afeitándose las piernas
en el apartamento del frente
y otra lavando ajustadores y calzoncillos
no es un panorama muy variado
tal vez íntimo
pero como se repite cada sábado por la tarde
la misma muchacha con su cuchilla
y la otra con el detergente
hoy prefiero cerrar la ventana
entonces comienzo a escuchar
inquietantes escuadras de helicópteros
hacia el suroeste
hay maniobras en la costa

PLUSVALÍA

Están los guardianes que cuidan las manzanas
están los muchachos que quieren robar las manzanas
están los trabajadores que cultivan las manzanas
están los hambrientos que compran las manzanas
y está el dueño de todas las manzanas
con los hilos enganchados en los dedos

Pedro Juan Gutiérrez

El último caso del inspector

El lugar del crimen
no es aún el lugar del crimen:
es sólo un cuarto en penumbras
donde dos sombras desnudas se besan.

El asesino
no es aún el asesino:
es sólo un hombre cansado
que va llegando a su casa un día antes de lo previsto,
después de un largo viaje.

La víctima
no es aún la víctima:
es sólo una mujer ardiendo
en otros brazos.

El testigo de excepción
no es aún el testigo de excepción:
es sólo un inspector osado
que goza de la mujer del prójimo
sobre el lecho del prójimo.

El arma del crimen
no es aún el arma del crimen:
es sólo una lámpara de bronce apagada,
tranquila, inocente
sobre una mesa de caoba.

LUIS ROGELIO NOGUERAS