El río de las cosas

Mi primera muñeca que tenía el pelo quemado, al río.
El diente de leche que se quedó clavado en una manzana, al río.
El cuento en el que la princesa despierta tras un beso, al río.
Los leotardos blancos que me cortaban la respiración, al río.
Aquellas botas que no dejaron crecer mis pies, al río.
La maestra que me introdujo el Catecismo a golpe de regla, al río.
El primer sujetador que me torturó sin consideración, al río.
La amiga que me dejó por otros, y por mi culpa, mi gran culpa, al río.
El novio que solo me quería como amiga… íntima, al río.
La jefa y el jefe que gritan y me empequeñecen, al río.
Los desahucios, la censura, la corrupción,
los malos de verdad que no salen en los cuentos,
a un pozo ciego desde donde el río no los pueda arrastrar al mar.

Isabel Jiménez

Emborroné el mapa de lo vulgar

Con un dedo manchado de harina y huevo,
después de hacer centenares de rosquillas,
fui dibujando en las puertas de la casa
pequeñas flores y mariposas bicolor.
Y con la palma de la mano,
también enharinada, recorrí las paredes,
las cortinas y las colchas.

Con este culinario capricho
emborroné el mapa de lo vulgar,
que nuestra vida me sugería.

Contemplé mi obra, me arranqué el delantal
y lo arrojé a tu lienzo de ojos y bocas
descolocados.

Me calcé unos cómodos zapatos
y me fui a hacer primavera
por las calles de la ciudad
con las manos aún manchadas.

Isabel Jiménez