No Soy Quién…

yo no soy quién para hablar de vosotros desde esta guarida
mi reino de 34 metros cuadrados
extensible al resto de la ciudad que
como la ciudad en sí
a veces se me antoja pequeño
y otras se me hace un mundo

hay días que al vagar por sus calles
abarrotadas de familias y pandillas
no entiendo qué hago en esta ciudad
atestada de españoles gregarios

siento que este no es mi lugar
que yo en Madrid —como diría mi abuela—
no tengo a nadie y a veces me duelen los brazos
de ganas de abrazar

pero llevo ya tantos años aquí
que rara vez piso la calle
sin entablar conversación con algún vecino
o encontrarme sin previo aviso con alguna amiga
algo que no me ocurre en ningún otro lugar

aquí soy alguien
hay gente que me conoce
y hablamos el mismo idioma
por eso por mucho que entienda
de soledades y desarraigo
no soy quién para contar vuestra historia

aquí desde mi feudo particular
sentada sola en el sofá
en esta noche lluviosa de invierno
me arropo con una manta bien mullida
que no comparto
he puesto a calentar una sopa para la cena
y su aroma me hace compañía

Eva Obregón

Prometeo, de Eva Obregón

Porque quiero
y no quiero;
o quiero,
pero no siento.

O porque
quiero
y siento,
pero no puedo.

Porque siento,
pero siento
sentir lo que siento;
o quiero,
pero no sé
si quiero querer.

O, posiblemente,
porque no sé
qué siento
ni qué quiero;
o quizás sí,
pero siento
que debo fingir que no.

O porque,
pudiendo sentir,
no quiero;
o queriendo poder,
no siento.

O tal vez
sienta,
quiera
y pueda,
pero no sepa;
o, sabiendo,
sintiendo
y queriendo,
no me atreva.