Poemas de Ernst Orvil

RELATIVIDAD

Cuando los cañones retumban
allá en Rakke,
se traslada la mariposa
a otra flor.

O visto desde la perspeciva
de la mariposa. Cuando se traslada
la mariposa a otra flor
retumban los cañones en Rakke.

SUEÑO

Le pedí al camarero en Perpiñán
que me diese un entrecot y además
el asombro relativamente templado.

Pero como el sueño me pareció
algo seco, grité escandalizado:
Más alcachofas, caray.

Y Dios me dijo: ¿Me llamabas
a mi? Contesté: No, Señor,
solo quería un poco de ensalada.

EL PERDEDOR

El perdedor va por la vida
arrastrando
una pesada carga,
en la carga no hay nada.

No se para a descansar.
Y desaparece
en la sombra
de un bondadoso Dios.

EL SENTIDO

El sentido de la vida, digo inquieto,
¿por qué nos es desconocido?

Porque una vida con sentido
nos parece intolerable.

Un sentido de la mañana a la
noche, de la noche a la mañana.

Así una vida sin sentido,
dijo ella, no es una vida sin sentido.

Ernst Orvil

Fui al río…, de Juanele

Fui al río, y lo sentía
cerca de mí, enfrente de mí.
Las ramas tenían voces
que no llegaban hasta mí.
La corriente decía
cosas que no entendía.
Me angustiaba casi.
Quería comprenderlo,
sentir qué decía el cielo vago y pálido en él
con sus primeras sílabas alargadas,
pero no podía.
Regresaba
-¿Era yo el que regresaba?-
en la angustia vaga
de sentirme solo entre las cosas últimas y secretas.
De pronto sentí el río en mí,
corría en mí
con sus orillas trémulas de señas,
con sus hondos reflejos apenas estrellados.
Corría el río en mí con sus ramajes.
Era yo un río en el anochecer,
y suspiraban en mí los árboles,
y el sendero y las hierbas se apagaban en mí.
¡Me atravesaba un río, me atravesaba un río!

JUAN LAURENTINO ORTIZ

Ella, de Juanele

ELLA

Ella anuda hilos entre los hombres
y lleva de aquí para allá la mariposa profunda
-ala del paisaje y del alma de un país, con su polen…

Ella hace sensible el clima de los días, con su color y su perfume…
a su pesar, muchas veces, como bajo un destino.
Testimonio involuntario, ella,
de un cierto estado de espíritu, de un cierto estado de las cosas,
en que la circunstancia da su hálito…

Pero se dirige siempre a un testigo invisible,
jugando naturalmente con la tierra y el ángel,
el infinito a su lado y el presente en el confín…

Mas es el don absoluto, y la ternura,
ella que es también el término supremo y la última esencia
con las melodías de los sentidos y los símbolos y las visiones y los latidos
para el encuentro en los abismos…

Mas tiene cargo de almas, y es la comunicación,
el traspaso del ser, “como se da una flor”, en el nivel de los niños,
más allá de sí misma, en el olvido puro de ella misma…

Y no busca nunca, no, ella…
espera, espera toda desnuda, con la lámpara en la mano,
en el centro mismo de la noche…

JUAN LAURENTINO ORTIZ