Música lenta

El edificio está cerrado. El sol entra por las ventanas
y calienta la parte superior de los escritorios
que son tan fuertes como para cargar el peso del destino del hombre.
Estamos afuera hoy, junto a la extensa y ancha ladera.
Muchos llevan ropas oscuras. Uno puede estar al sol y cerrar los ojos
y sentir cómo es soplado lentamente hacia adelante.
Rara vez vengo hasta el agua. Pero ahora estoy aquí,
entre grandes piedras con espaldas pacíficas.
Piedras que lentamente han caminado hacia atrás desde las olas.

Tomas Tranströmer

La silla eléctrica

el poeta que murió en la silla eléctrica
no era diferente
del poeta que murió en el paredón de fusilamiento
que no era diferente
del poeta que murió en la guillotina
que no era diferente
del poeta que murió crucificado
que no era diferente
del poeta que murió por la cicuta
que no era diferente
del poeta que murió apedreado
mientras profetizaba
que en un futuro lejano
un poeta como él
moriría calcinado por un rayo
en una extraña silla

E.

Poemas de Denise León

no nos mata la luz.
Nuestro pasado es la selva;
la oscuridad
como una fruta que explota
mientras corremos por el cine
entre cuerpos inquietos.
Un tiempo espeso
que se pega a los dedos
y se clava en los dientes.
Nuestro pasado
es la sombra de una casa
que cada noche
soñamos demoler hasta los cimientos.

*

la avioneta del circo
roza el borde interminable
de la siesta.
Estamos solos
en la casa
solos
en el jardín
y el miedo
es un ojo
o una llave
que podemos hacer girar
-hambrientos-;
un cuerpo simple
para conquistar los mares.
Los leones pasan
y rugen.
Sus sonidos son un secreto.
Sus deseos son un secreto
que, a veces,
se alivia debajo de las hamacas
o cuando la abuela
señala al cielo
para que veamos pasar al Profeta.

*

finalmente
los grillos han dejado de venir.
Los hemos ido matando de a poco:
con veneno
con el pie,
sin demasiadas contemplaciones,
como si no supiéramos nada
de la suerte,
del peso
de las cosas.

Denise León