Poema superficial

Soy la grama, dejadme trabajar
Carl Sandburg

sobre la superficie de la grama
el cielo

bajo la superficie de la grama
la tierra

sobre la superficie de la tierra
un árbol

bajo la superficie de la tierra
las raíces de un árbol

sobre la superficie de un árbol
los pájaros

bajo la superficie de un árbol
la sabia

sobre la superficie de la grama
los pasos de un hombre

bajo la superficie de la grama
los huesos de un hombre

sobre la superficie de un hombre
el aire y la luz

bajo la superficie de un hombre
la pasión

sobre la superficie del mar
las gaviotas

bajo la superficie del mar
los cardúmenes

sobre la superficie del viento
las esporas de la vida

bajo la superficie del viento
el fuego de la vida

sobre la superficie de mis manos
tus manos

bajo la superficie de tus manos
mi corazón

sobre la superficie de la superficie
el tiempo

bajo la superficie de la superficie
el amor

sobre la superficie del cielo
el espacio infinito

bajo la superficie de la tierra
la tierra

E.

Planiverso

*

Quédate a mi lado. Sé mi muro.
Cúbreme del viento, protégeme del calor.
Quédate en tiempo de paz y en tiempo de guerra.
Tan sólo quédate a mi lado – cerca o lejos.

Sé mi amanecer. Sé el reloj a media noche.
Sé mi quieta respiración, sé el brillo de mis ojos.
Qué no nos separe el pacífico Greenwich.
Olvídate del dolor. Y olvida también el miedo.

Déjame sentir como si estuvieras a mi lado.
Y no te quedes en silencio matando otro instante.
Regálame una voz suave y serena.
Qué no me duelas tanto.

*

Me he cortado un dedo – duele.
Me he cortado el alma – quema.
Regresar – por un momento.
Apoyarse en el hombro amigo.

Llorar en la almohada – pecado.
Buscarse a sí mismo – la vida.
Esperar – millones de caminos.
Escapar – no hay final.

Olvidar – percibir la luz.
Sentir el roce – calor.
Romper la calma – jaula.
La vida – ¡se lo merece!

Iryna Fedirko
(traducciones: Nadiia Pasichnyk)

El ruido de un ángel

De pequeños decíamos
“ha pasado un ángel”
cuando nos quedábamos en silencio.
Ahora, cuando me quedo en silencio
en medio de una discusión,
o de una tormenta,
o ante una palabra incómoda.
O cuando me aguanto las mías para no hacer daño,
o por orgullo cuando las palabras ajenas
me han herido.
Ahora, cuando guardo silencio,
siento que hay un ángel atravesado
dentro de mí.

Isabel Jiménez