Audiovisual

En el principio estaba el telón de fondo, de un negro opaco y vacío. Y las sombras eran tan densas que se las podía cortar con la claqueta. Y no había sonido alguno ni ninguna imagen.

Entonces el Productor dijo: hágase la luz y encendió un foco plateado. Y el Productor vio que la luz era buena (era de una Lumix). Y con la bombilla separó la luz de las tinieblas. A la luz la llamó día y a las tinieblas noche. Y fueron el día y la noche de la primera secuencia.

Entonces el Productor creó a los actores, a los camarógrafos, a los utileros, a los asesores de vestuario, a los especialistas, y a toda la panda y les dijo: “Id y reproducíos, y llenadlo todo de imágenes. Y enseñoreaos de las cámaras, y de las luces, y de los decorados, y de los efectos especiales y poblad la escena”. Y fue el día y la noche del día segundo, lleno de ajetreo. Y el Productor vio que era bueno.

Pero no había historia que contar. Entonces el Productor creó a los guionistas y les dijo: “Escribid una historia que haga reír y llorar; y llenad vuestros cuadernos con personajes, y diálogos, y escenas, y secuencias, y planos, y transiciones, y variaciones y todo tipo de ideas sugerentes”. Y fue el día y la noche del día tercero. Y el Productor leyó el trabajo de los guionistas y vio que era bueno.

Entonces el Productor creó al Director, a imagen de sí mismo lo creó. Y lo puso como cabeza de todos y le dijo: “Tú dominarás sobre ellos y a ti encargo mi obra”. Y el Director nombró todas las cosas, y eligió los actores principales y los secundarios, los escenarios exteriores e interiores, los decorados y el vestuario. Y se puso a dar órdenes a los utileros, a los actores y a los camarógrafos.

Pero vio el Productor que el Director estaba solo en su inmensa tarea y se dijo: no es bueno que el Director esté solo, crearé una ayuda idónea para él. Y cuando el Director estaba echando una cabezadita, le extrajo una costilla y creó de ella a la Script. Y fue el día y la noche del día cuarto.

Vio el Productor que todo lo que había creado estaba rodeado de silencio. Entonces creó a los músicos, a los especialistas de sonido, a los tamborileros, a las corales y les dijo: “Llenad las imágenes con vuestro aspaviento; y producid todo tipo de alegrías, efectos de sonido, canciones y música de fondo para que las imágenes no anden solas”. Y fue el día y la noche del día quinto.

El sexto día descubrió el Productor que las imágenes que había creado y los sonidos que las acompañaban, eran muy buenos, pero estaban dispersos entre sí. Entonces creo a los editores y especialistas de animación por ordenador y les dijo: “Juntad las imágenes en secuencias y enlazadlas con los sonidos; y poblad con vuestra obra todas estas cintas, disquetes, CDs, DVDs y Blu Rays”. Y vio el Productor que todo lo que había creado era bueno en gran manera. Y entonces creó los cines, las distribuidoras, las pantallas de proyección al aire libre y los días de entrada gratis. Y quedó en gran manera satisfecho de toda su labor. Y fue el día y la noche del día sexto.

Y el séptimo día el Productor santificó su obra y se dijo: “En seis días he creado todo esto, el séptimo descansaré de toda mi labor”.

Entonces se cogió un cucurucho de palomitas y se fue al estreno de su película.

E.

El mago

La palabra camino
crea el asfalto negro
y las rayas blancas
que se besan entre sí
al fondo de mis ojos.

La palabra multitud crea
un montón de gente
caminando…
Nadie sabe hacia dónde,
nadie sabe por qué,
pero ellos no cesan de
movérseme por dentro:
por las carreteras asfaltadas
de la sangre,
por los barrios semiluminados
del corazón.

La palabra ventana crea la espera
y crea la plaza,
y luego crea a esa chica,
que parece una hoja que danza
sobre los adoquines,
que parece una gota de lluvia
cayendo,
que parece el reflejo de una palabra
en el agua invisible.

La palabra pulmón aspira a la noche,
crece hacia la noche, la devora,
y cuando la expira
la noche se enciende
de palabras recién nacidas.
Una noche no escrita,
una noche que no está fuera
ni dentro de mí,
que me contiene,
pero que ninguna palabra
puede contener.

La palabra olvido
crea el recuerdo.
La palabra silencio
crea la música.
La palabra oscuridad
crea la luz.

La palabra alegría…
la palabra alegría
crea este mundo.

E.

(de El mago de chicle)

(Ilustración de Marta Lage de la Rosa)

Sueño tras ventana

Detrás de esa ventana está la vida. La vida de una chica de pelo rojo. La chica está durmiendo con el chico de sus sueños que ha venido a soñarla desde el amanecer. Y la ha soñado tanto y tan bien que ahora la chica agotada descansa en su cama de adobe verde. Y cuando muera el sol de la tarde, abrirá de par en par las ventanas de su vida recién soñada, para regar la vida de las plantas de afuera que iluminan la pequeña terraza con una suave luz malva.

Pequeño gran hombre

Mi hijo con piel de serpiente recién mudada,
recién tostada al sol de primavera.
Mi hijo con piel de limón y de seda,
con viento en la piel y las axilas.
Mi hijo con ojos de tirabuzón
y mirada de gorrión y vuelo en la mirada.
Mi hijo con un infinito en cada ojo
perdiéndose en su propio espejo y llorando
por no poder quebrar la vara en el agua.
Mi hijo con sonrisa de luz
clavada en el ala
de una gaviota.
Mi hijo con sus dientes plumas cantando,
volando por la arena plata del fuego.
Mi hijo con corazón de melocotón,
con abrazo de agua dulce,
con sabor y besos de agua dulce.

E.
(de El mago de chicle)