Hai-kais espirituales

Encuentros y paisajes

I
(Roma)

Verja con rosa y Virgen.
Al alcance de todos,
todas las rosas juntas.

II
(México)

El altar viajero. Imagen y retratos.
Bajan. Suben. Y tú, Señora, sonriente,
nos amparas a todos.

III
(Plaza de San Pedro)

Agua y piedra en un todo. Concentración nocturna
de rumor y silencio. ¿Y esa ventana insomne?…
Estrella con estrella.

XXVI

Ese rumor del mar es fuga de silencios.
La plenitud sería callarse para siempre.

XXVII

Espuma: flor del agua.
No te quedes prendida a lo que huye siempre.

XXXII
(El surtidor)

¡Que no vuelva a caer!
¡Que se quede en el cielo!

Ernestina de Champourcín

La rata

La rata grande fue mi ídolo.
Sang-Soon Park

La rata grande fue mi ídolo.
La adoraba.
La seguía fielmente a todas partes.
Velaba su sueño.
Amaba su forma de hablar, de caminar,
de mirarme por encima de sus bigotes.
Su discurso no era coherente,
pero me atrapaba con su rica verborrea.
Cierto es que su aspecto me repugnaba,
-la inexorable atracción de lo extraño.
Llegué a imitar su caminar a ras de suelo,
casi ágil en su torpeza.
Y la presunta inteligencia de su mirada
cuando husmeaba alrededor.
Un día me cansé y vi que no era más que una rata.
Muy grande, lo que la hacía doblemente repugnante.
Aquel día, ah, aquel día…
No la he vuelto a ver.
Dejé de visitar los vertederos.
Y retomé mis visitas al psicoanalista.

Isabel Jiménez