CANTO XLII

nadie
diríamos
hizo crecer las flores en el cerezo
nadie les abrió los pétalos
con sorpresa de adolescente
nadie las roseó al alba
con el color y el amor del alba
para con los recién nacidos
del mundo puro de las almas silentes
que solo el viento hace cantar
nadie encendió el perfume en el corazón de esas flores
diríamos acaso que las flores
se abrieron de sí mismas
llenas de una luz innombrable
que de sí mismas
brotó ese perfume como un encantamiento
soñado noche tras noche por el corazón del cerezo

nadie
diríamos…
y es que Él a veces parece
un Don Nadie

E.

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