Manolo en la azotea

La ciudad se esconde dentro de la noche.
Late más allá de la fugacidad
de los lumínicos,
reposa en blanco y negro al abrigo
de un parque.

Sobre ella, infinitas ciudades brillantes
o apagadas
impregnan el aire de distancias.

En la esquina unos perritos se hacen
el amor con largueza
y un borracho gesticula sus desdichas
al sentir
la ternura de la noche que lo abraza cálidamente.

La gente camina desnuda por la ciudad
que se prolonga en círculo
hasta los muros de la noche.
Es el reproche de muertos que bailan
por las calles
ligeros de piel,
hermosos y resplandecientes
como una buena canción.

La ciudad pierde sus límites…

Una mujer de niebla la contempla,
lista su partida al mundo de los sueños,
adonde irán
la noche y la ciudad pupilando
bajo sus párpados.

E.

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