Soportales y portales

La chica abre la puerta.

El chico sale del portal.

El chico susodicho colisiona con la chica, que se disponía a penetrar en el mismo portal que se disponía a abandonar el chico del que venimos hablando.

La chica tiene unos bonitos ojos, un vestido estampado y unas tremendas ganas de dejar de estar disponible. El chico paladea los ojos, admira el vestido y su relleno y, aunque su instinto intuye la tercera de las características, desecha los impulsos que le sobrevienen por su esmerada educación de colegios de pago.

Después de un breve escarceo ante la disponibilidad de una puerta limitada, la chica entra y el chico sale. Ambos cruzan sus caminos sin mezclarlos, quedándose por un instante con la sensación de una incierta pérdida.

El portal, triste y compungido, comprueba nuevamente como, a pesar de sus esfuerzos repetidos, los buenos modales hacen que el mundo no tenga remedio.

María José Gómez Sánchez-Romate

La libertad

Ser libre es ser libre de uno mismo.

Uno es, básicamente, condicionamiento y en ello no hay ninguna libertad: siempre las mismas reacciones, siempre las mismas respuestas, siempre el conflicto y el querer estar libre del conflicto, siempre el pasado respondiendo al presente y creando el futuro, siempre la misma continuidad.

No es de extrañar que nuestra vida cotidiana sea tan dolorosa y tan aburrida. Entonces queremos huir de ella y al instante nos inventamos una libertad basada en el condicionamiento que somos y volvemos a lo mismo.

¿Puede uno acabar con todo eso? ¿Puede uno mirar todo eso directamente, sin analizarlo, sin querer huir a ninguna parte y en ese mismo mirar, terminar de una vez por todas con ello? ¿Puede uno tener esa intensidad para estar allí sin hacer nada al respecto porque ve con claridad que toda su acción está basada en su propio condicionamiento?

Cuando uno termina con todo eso, cuando uno ya no está allí interfiriendo, juzgando, sufriendo, buscando nada ¿qué sucede?

No te inventes lo que va a suceder. ¡Descúbrelo!

E.

El “yo”

¿Ha mirado usted en su interior y ha visto algo a lo que pueda llamar “yo”?

Si mira con paciencia, sin apresurarse, verá que allí solo hay pensamientos acerca de usted mismo, de lo que usted cree ser, de lo que quiere ser, de lo que otros le han dicho que debería ser… y verá que el pensamiento nunca se detiene.

No se engañe más y mire: todo lo que usted cree ser no es más que ese movimiento del pensamiento que ni siquiera es suyo. A todos nos pasa exactamente lo mismo, vivimos y somos dentro del mismo fluir. Todo lo que usted sufre, todo lo que usted ama, todo lo que usted experimenta proviene de allí, de ese movimiento incesante y usted mismo no es más que un pensamiento que se separa de ese flujo y se identifica a sí mismo como algo diferente para erigirse en aquel que quiere controlar lo que pasa, que quiere cambiar esto o aquello, que quiere ser bueno, que quiere ser feliz…

Mire bien y vea que el pensamiento no cesa ni un instante. A veces parece que se ralentiza pero no cesa ni un instante, y usted está atrapado en eso, dándose importancia, intentando usted mismo, un pensamiento, parar el pensamiento, creando conflicto tras conflicto, repitiendo el mismo proceso una y otra vez.

¿Qué pasa si uno se da cuenta de todo eso en profundidad? ¿Qué pasa si el pensamiento de veras se detiene? ¿Hay algo más allá del pensamiento?

E.