Bailar los versos

Voy sacando las palabras
del cajón desordenado de mi cabeza.
No elijo ni el tamaño, ni el color, ni saben a nada.
Apenas en un instante las mezclo y agito
en un baile de locos
como el que bailan los jóvenes ligeros
en el bar de abajo.

Escribo, bebo, escribo, fumo,
y el alcohol me inspira y me confunde.

Y el humo me hace llorar mientras pienso en ti.

Una lágrima audaz ha caído sobre el verbo llorar
y deja una mancha azul que gira
hasta caer rendida.

Isabel Jiménez

Instante de otoño

No pidas más.
Limítate a escuchar el rumor de los pinos
cuando el viento está en calma.
Ryonen

aquí estoy
sentado en medio de la vorágine

enfrente
paredes de cristal

y al otro lado edificios rojos
de distintos tonos de rojo

y antenas grises sobre los edificios
y el cielo azul y los pájaros

y es tan hermoso cuando la luz atraviesa todo eso
tan hermoso en medio
de la vorágine

E.

Ajuste de cuentos

Se asustó mucho al ver la sangre. ¿Quién quitaría todas esas manchas? A punto estuvo de dejar de apuñalar a su mujer para que se pusiera a limpiarlas.

*

Su mujer le recriminaba su inmadurez. Su jefe le recriminaba su ineptitud. Sus amigos le recriminaban su abatimiento. Sus hijos le recriminaban su apatía. Todos se sorprendieron cuando se escapó con la primera mujer que encontró que no le recriminaba nada.

*

Llamó a los bomberos, desesperada, cuando las llamas lo consumían todo.
Cuando llegaron, tuvieron que apagarla entera porque un intenso y arrebatador fuego pasional la devoraba por dentro.

*

Eran inseparables. Tras su fallecimiento, abrió una botella de champán y se bebió todas sus cenizas.

*

Se columpiaba con determinación. Sin risas ni canciones. Intentaba llegar al cielo. No tenía direcciones, pero ya buscaría a su madre cuando llegara allí.

*

A los 17 años decidió salir del armario. Temeroso y avergonzado, confesó a sus padres homosexuales que le gustaban las chicas.

María José Gómez Sánchez-Romate

Opiniones

Todos estamos llenos de opiniones.

Los religiosos tienen opiniones, los políticos tienen opiniones, las mujeres tienen opiniones, los hombres también las tienen, el hombre común y el intelectual tienen sus propias opiniones. Los filósofos y las amas de casa tienen opiniones y hasta los niños tienen opiniones como una caricatura de los adultos.

Las opiniones nos dividen, nos clasifican, nos cosifican, nos identifican. Casi se puede decir que un ser humano es un conjunto de opiniones que cambia o se queda fijo a través del tiempo. Las opiniones pueden ser aprobadas o rechazadas pero pocas veces nos damos cuenta que todas son tanto verdaderas como falsas y que eso es algo totalmente relativo porque la mente humana puede justificarlo todo.

Otra cosa son los hechos, pero, tened cuidado, porque los hechos, la mayor parte de las veces, son percibidos a través de nuestras opiniones.

Cuando hay opiniones de por medio, es difícil establecer una relación con los demás porque uno casi siempre trata de imponer o justificar sus propias opiniones en conflicto con las del otro. Entonces, si uno quiere establecer una relación, trata de abrirse a otras opiniones, intenta ver lo positivo que hay en otras opiniones (en todas lo hay si uno quiere verlo) y, en aras de la relación, uno opina que en realidad su opinión no es tan importante porque no es más que una opinión como otra cualquiera.

Pero eso es un apaño. Tal vez algún día descubramos que podemos estar en comunión con el otro en completo silencio sin ninguna opinión.

E.

Empezar por uno mismo

Todo empieza siempre por uno mismo, por lo que uno mismo es.

Pero uno quiere empezar casi siempre por lo que cree que le falta, por lo que cree que los demás son respecto a uno, por lo que nos dan o no nos dan, por las condiciones que nos rodean, por lo que uno quisiera ser… Y en ese proceso se aleja por completo de lo que uno es y continúa creando una imagen de uno mismo.

Para llegar lejos hay que empezar muy cerca y lo más cerca que hay es uno mismo tal como es. Cuando uno se mira a si mismo sin juicio alguno, sin querer convertirse en otra cosa, ¿qué hay allí?. ¿No ve uno allí acaso su propia experiencia vital operando, reaccionando a cada momento, indicando la dirección en la que seguimos casi siempre, creando los límites de nuestra propia vida?

Eso es lo que es nuestra vida, si uno no la juzga, si uno no hace nada al respecto, porque si uno intenta hacer algo al respecto, entonces el pasado vuelve a reaccionar y vuelve a crear el mismo camino en la misma dirección y aquello continúa una y otra vez.

Uno es lo que es y eso está siempre delante de nosotros.

Y qué pasa entonces si uno ve todo eso (y para verlo uno tiene que estar muy quieto). Si uno ve lo que es tal y como es, entonces uno es libre de su propio pasado y puede ir más allá. En ese mismo instante uno descubre la trama y la urdimbre y termina con ella porque el comienzo es también el fin.

E.

Escuchar

Escuchar en silencio como si tuvieras todo el tiempo del mundo, como si el tiempo no fuera lo importante sino eso que estás escuchando. Cuando uno escucha así puede escuchar todos los sonidos, todos los ruidos, todo lo que duele dentro, todo lo que respira a tu alrededor.

Escuchar el propio pensamiento de uno, el propio sentimiento de uno, lo que uno simplemente es, sin intentar cambiar nada. En realidad no tienes que cambiar nada; todo ya está cambiando y la mayoría de las veces lo único que haces es frenar ese cambio. Escuchar cómo eso se produce, cómo crece una hoja, cómo se abre una flor, cómo sopla y se detiene el viento.

Escuchar el encuentro del silencio de uno con el silencio de todo. Escuchar cómo se enciende la luz… y escuchar su transparencia.

E.