Soportales y portales

La chica abre la puerta.

El chico sale del portal.

El chico susodicho colisiona con la chica, que se disponía a penetrar en el mismo portal que se disponía a abandonar el chico del que venimos hablando.

La chica tiene unos bonitos ojos, un vestido estampado y unas tremendas ganas de dejar de estar disponible. El chico paladea los ojos, admira el vestido y su relleno y, aunque su instinto intuye la tercera de las características, desecha los impulsos que le sobrevienen por su esmerada educación de colegios de pago.

Después de un breve escarceo ante la disponibilidad de una puerta limitada, la chica entra y el chico sale. Ambos cruzan sus caminos sin mezclarlos, quedándose por un instante con la sensación de una incierta pérdida.

El portal, triste y compungido, comprueba nuevamente como, a pesar de sus esfuerzos repetidos, los buenos modales hacen que el mundo no tenga remedio.

María José Gómez Sánchez-Romate