El “yo”

¿Ha mirado usted en su interior y ha visto algo a lo que pueda llamar “yo”?

Si mira con paciencia, sin apresurarse, verá que allí solo hay pensamientos acerca de usted mismo, de lo que usted cree ser, de lo que quiere ser, de lo que otros le han dicho que debería ser… y verá que el pensamiento nunca se detiene.

No se engañe más y mire: todo lo que usted cree ser no es más que ese movimiento del pensamiento que ni siquiera es suyo. A todos nos pasa exactamente lo mismo, vivimos y somos dentro del mismo fluir. Todo lo que usted sufre, todo lo que usted ama, todo lo que usted experimenta proviene de allí, de ese movimiento incesante y usted mismo no es más que un pensamiento que se separa de ese flujo y se identifica a sí mismo como algo diferente para erigirse en aquel que quiere controlar lo que pasa, que quiere cambiar esto o aquello, que quiere ser bueno, que quiere ser feliz…

Mire bien y vea que el pensamiento no cesa ni un instante. A veces parece que se ralentiza pero no cesa ni un instante, y usted está atrapado en eso, dándose importancia, intentando usted mismo, un pensamiento, parar el pensamiento, creando conflicto tras conflicto, repitiendo el mismo proceso una y otra vez.

¿Qué pasa si uno se da cuenta de todo eso en profundidad? ¿Qué pasa si el pensamiento de veras se detiene? ¿Hay algo más allá del pensamiento?

E.