Ajuste de cuentos

Se asustó mucho al ver la sangre. ¿Quién quitaría todas esas manchas? A punto estuvo de dejar de apuñalar a su mujer para que se pusiera a limpiarlas.

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Su mujer le recriminaba su inmadurez. Su jefe le recriminaba su ineptitud. Sus amigos le recriminaban su abatimiento. Sus hijos le recriminaban su apatía. Todos se sorprendieron cuando se escapó con la primera mujer que encontró que no le recriminaba nada.

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Llamó a los bomberos, desesperada, cuando las llamas lo consumían todo.
Cuando llegaron, tuvieron que apagarla entera porque un intenso y arrebatador fuego pasional la devoraba por dentro.

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Eran inseparables. Tras su fallecimiento, abrió una botella de champán y se bebió todas sus cenizas.

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Se columpiaba con determinación. Sin risas ni canciones. Intentaba llegar al cielo. No tenía direcciones, pero ya buscaría a su madre cuando llegara allí.

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A los 17 años decidió salir del armario. Temeroso y avergonzado, confesó a sus padres homosexuales que le gustaban las chicas.

María José Gómez Sánchez-Romate

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