Noche salvaje

Foto: Isabel Jiménez

mi amada cae sobre mí
como un corpiño rojo del Palancar

cae como la noche
y como una dulce mirada

cae desde el árbol de la noche de otoño
como una hoja en el viento
y me rodea con sus brazos rojos
y sus muslos rojos y su mirada roja y azul

mi amada llueve sobre mi y se diluye en mí y se eleva como un monte
y luego resbala desnuda por el tobogán de la noche
y ríe dentro de mi como una cascada de estrellas

mi amada cae y se pierde en mí
y en mi propio otoño
perdido entre la niebla

…yo que nunca había estado en el Palancar

E.

Un poema de Tomas Tranströmer

Schubertiana

IV

¡Tenemos que confiar en tantas cosas para poder vivir nuestro día
diario sin hundirnos en la tierra!
Confiar en las masas de nieve que se agarran a las pendientes de la
montaña que hay encima del pueblo.
Confiar en las promesas de silencio y en la sonrisa del consenso,
confiar en que el telegrama fatal no nos ataña a nosotros y que
no llegue a descargar el repentino hachazo desde dentro.
Confiar en los ejes de las ruedas que nos llevan por las autopistas
en medio del enjambre de abejas de acero trescientas
veces ampliado.
Pero en realidad nada de eso merece nuestra confianza.
Los cinco instrumentos de cuerda dicen que podemos confiar en
otra cosa.
¿En qué? En otra cosa y nos acompaña un trecho en el camino
hacia allí.
Como cuando se apaga la luz en la escalera y la mano sigue-
con confianza- el ciego pasamanos que encuentra el camino
en la oscuridad.

Tomas Tranströmer