Intersticios claros

La primera nota sobre un nuevo órgano llega hasta el periódico local.
Y en ella leo que esta parte del cuerpo, la existencia de una parte de nosotros, ha pasado desapercibida.
Ni siquiera el ojo diminuto de un microscopio había podido decirnos que estaba allí, debajo de la piel, recubriendo a otros órganos.
Los médicos lo llaman intersticio, una hendidura que media entre dos cuerpos.
Un órgano que media entre los músculos y el revestimiento de los pulmones, de los vasos sanguíneos, del sistema digestivo y del sistema excretor.
Junto con la piel, es uno de los órganos más grandes del cuerpo.
Y ahora habrá que sumarlo entonces, sumarlo como en un inventario.
Esa pieza que se volvió pieza cuando el ojo humano pudo detectar cómo las oquedades de su composición afectaban a otros órganos está ahora en nosotros.
Está en mí, en ti, en papá, pero quizá no en la abuela que murió antes de que esta nota fuera escrita.
Tal vez sólo existe en quien leyó la nota matutina,
quizá sólo de verdad en quien lee las noticias.
Esta pieza mía tuya está habitando a todos sin ser vista.
Y quizá esta secuencia de acontecimientos nos diga que aquello que sucede en el extremo de un país del norte que no conocemos cuente.
Lo que no tiene nombre también está aquí.
Este nuevo cuerpo formó parte de la historia de otros lugares del cuerpo,
y la mirada microscópica no pudo adelantarse a su flujo, a su espacio, a su condición de intervalo.
Lo que sentimos es que no hemos visto todo.
Un intersticio media entre dos cuerpos o entre dos partes de un mismo cuerpo.
Los humanos, al final de todo, son pequeños ecosistemas;
partes de nosotros se fundan porque otros nos han dicho que existen.
Han notado, nos han afirmado que cuando estamos cansados, solemos caminar encorvados.
Y de pronto eres un hombre con este hábito,
de pronto eres el hombre que habla encorvado al final de un día pesado.
La nota matutina no cambiará nada en mí, en ti.
Pasarán años para saber si ese órgano tiene algún modo de conectarse con la propagación del cáncer.
Por ahora sólo está allí la invención de las cosas al ponerles nombre.
Lo que creímos un espacio intersticial ahora vive de golpe,
como ciertas cosas viven, a partir de ciertos espacios entre un cuerpo y otro.
Quizá a modo de lo que existía antes de nosotros.
Un órgano nuevo se descubre como una ciudad que ha permanecido debajo de otra,
como una ciudad que vive de otras.

Melinna Guerrero