Árbol adentro, de Octavio Paz

Foto: Jacinto García

ÁRBOL ADENTRO

Creció en mi frente un árbol.
Creció hacia dentro.
Sus raíces son venas,
nervios sus ramas,
sus confusos follajes pensamientos.
Tus miradas lo encienden
y sus frutos de sombras
son naranjas de sangre,
son granadas de lumbre.
Amanece
en la noche del cuerpo,
allá adentro, en mi frente,
el árbol habla.
Acércate, ¿lo oyes?

OCTAVIO PAZ

Amor matemático

ella le introdujo en el dominio de los números naturales
él prefirió el de los reales
ella contraatacó con números imaginarios
él sacó una derivada parcial
ella le dio la vuelta con una integral trigonométrica
él quiso escabullirse con una transformada de Laplace
ella le mostró su matriz traspuesta
él se quedó absorto con su geometría hiperbólica
ella le miró entonces como una función logarítmica
el cayó en sus brazos como una exponencial

E.

Las feas palabras

En la garganta de un beodo muerto
se quedan las palabras que despreció la poesía.
Yo las rescato con manos de fantasma
con manos piadosas es decir
ya que todo lo muerto tiene la licuada piedad
de su propia existencia.
Furtivamente os las abandono:
feas las caras sucias bajo el esplendor de las lámparas
babeantes sobre su desnudez deforme
los dientes y los párpados apretados esperando el bofetón.
Amadlas también os digo. Reñid a la poesía
la limpidez de su regazo.
Dotadlas de biografía ilustre.
Limpiadles la fiebre de la frente
y rodeadlas de serenas frescuras
para que participen también de nuestra fiesta.

Roque Dalton

Cuatro elementos

Como si fuera agua
el horizonte
donde tu lengua acude
a mi llamada.

Como si fuera fuego,
piel quemada,
la hogera en que crepitan
nuestros cuerpos.

Como si fuera tierra
moldeable,
mi corazón, que abusa
de su suerte.

Como si fuera aire
tu palabra,
que me ventea, me esparce
y me desgarra.

Como si fuera yo
quien en ti quieres.
Como si fueras tú
quien en mí se halla.

María José Gómez Sánchez-Romate
(del libro Piel transitada)

Que se yo del amor…

No pasa nada. Los ojos no ven, saben.
Jorge Guillén

Qué sé yo del amor
más allá de lo que ocultamos con palabras,
esa parte que ignora la poesía y
no puede atraparse en los rectos renglones
de los versos ajenos.

Qué se yo
más allá de tu olor cuando te acercas,
de esa voz con que enganchas las miradas.

Qué se yo
más allá de quererte a pesar de tus fallos
o por ellos. Esa parte de ti que te acompaña
y completan en mí lo que me falta.

Qué sé yo
más allá del rastro compartido de los días
y ese cuerpo prestado que es ya parte del mío.

Qué sé yo del amor
si no sé nada
mas que siento que el mundo está bien hecho
cuando te veo reír por las mañanas.

María José Gómez Sánchez-Romate
(del libro Piel transitada)