Dos poemas de Mary Oliver

EL PEZ

El primer pez
que atrapé en mi vida
no quería quedarse
quieto dentro del balde,
sino que se sacudió y succionó
la abrasadora
extrañeza del aire
hasta morir
con la lenta efusión
de un arcoíris. Luego
corté su cuerpo y separé
la carne de la espina
y lo comí. Ahora el mar
está dentro de mí: yo soy el pez, el pez
reluce en mi interior; juntos nos alzan,
nos enredan, sin duda caeremos
al mar de nuevo. Con dolor
y dolor, y con más dolor
nutrimos esta trama frenética, el misterio
nos alimenta.

TELARAÑA

Así que esto es el miedo.
La araña oscura se escabulle
sobre los tablones de abajo.
Miro la gotita de sangre en mi piel
y enseguida pienso:
el último dólar,
el último pedazo de pan,
los relámpagos que crepitan bajo la puerta.
Duela o no
me imagino que sí.
Me acuerdo de un murciélago hace años
en el ático, cómo luchó
entre las escobas al aire,
sin saber que íbamos a soltarlo.
Me levanto para caminar, para ver si puedo.
Así que esto es el miedo.
La trampilla
se abre sola en el crepúsculo
se mueven las cortinas
como si el viento tuviera huesos.

MARY OLIVER

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