La hoja que cae

Morir de belleza,
como la hoja
que cae del árbol,
planeando suavemente
sobre la tarde de otoño.
Morir de esta manera
a todo nuestro pasado,
para vivir de instante en instante,
con la infinitud efímera
de sabernos eternos.
Parar el reloj del tiempo
y atrapar la escena,
más allá del tiempo
dual de vida y de muerte.
Ese tiempo que se escurre
entre las grietas del alma
sin saber que al otro lado
no hay más que amor
reflejado en la esfera
del contacto imaginado.
El mismo amor
que sostiene el mundo
a este lado.

Yolanda Jiménez y Ernesto Pentón

Cómo expresar la poesía

Piensa en la palabra mariposa. Para decirla no hace falta que la voz pese menos de una onza o que le pongas unas alitas polvorientas. No es necesario inventar un día soleado o un campo de narcisos. No es preciso estar enamorado de alguien o amar a las mariposas. La palabra mariposa no es una mariposa real. Existe la palabra y existe la mariposa. Si confundes estas dos cosas, los demás tendrán derecho a reírse de ti. No hagas tanto de una palabra. ¿Intentas sugerir que tu amor por las mariposas es mucho más profundo que el de cualquier otra persona o que en realidad comprendes su naturaleza? La palabra mariposa es simplemente información, no la oportunidad de revolotear, flotar, simpatizar con las flores, simbolizar belleza y fragilidad o, de ninguna manera, encarnar una mariposa. No actúes las palabras. Nunca lo hagas.

Nunca trates de elevarte del suelo cuando hables de volar. No cierres los ojos y niegues con la cabeza cuando hables de la muerte. No fijes tus ojos ardientes en mí cuando hables del amor. Si lo que deseas es impresionarme cuando hablas del amor, mete una mano en tu bolsillo o bajo tu vestido y juega contigo mismo. Si la ambición y la sed de aplausos te han llevado a hablar del amor, debes aprender a hacerlo sin ponerte en ridículo o degradar el material.

¿Qué tipo de expresión exige esta época? Ninguna. Hemos visto fotografías de madres asiáticas¹ que perdieron a sus hijos, no nos interesa el espectáculo de tus órganos expuestos. Nada que muestres con tu rostro puede igualar el horror de este tiempo. Ni siquiera lo intentes: lo único que lograrás es causar el desprecio de aquellos que sienten profundamente. Hemos visto noticias sobre personas en situaciones de dolor y segregación extremos. Todos saben que te alimentas bien e incluso te pagan por estar allí. Te presentas ante personas que han experimentado una catástrofe, debes ser discreto. Expresa las palabras, transmite la información, hazte a un lado. Todos saben que sufres. No puedes decirle al público todo lo que sabes acerca del amor en cada verso de amor. Hazte a un lado; así ellos sabrán lo que tú sabes solo por el hecho de que ya lo sabes. No tienes nada que enseñarles. No eres más bello que ellos. No eres más sabio. No les grites. No fuerces la entrada, eso es mal sexo. Si muestras los límites de tus genitales, entonces cumple con lo que prometes. Y recuerda: la verdad es que las personas no quieren un acróbata en la cama. ¿Cuál es nuestra necesidad? Estar cerca del hombre natural, estar cerca de la mujer natural. No pretendas ser un cantante amado y admirado por una vasta audiencia que ha seguido fielmente los altibajos de tu vida hasta este momento. Las bombas, los lanzallamas y toda esa porquería han destruido mucho más que los árboles y las poblaciones. También han derribado el escenario. ¿Creías que tu profesión escaparía de la destrucción masiva? No quedan escenarios. No hay más candilejas. Estás entre la gente, así que sé modesto. Expresa las palabras, transmite la información, hazte a un lado. Estás solo. En tu habitación. No te disfraces de ti mismo.

Este es un paisaje interior. Está adentro. Es privado. Respeta la privacidad del material. Estos textos fueron escritos en silencio. Expresarlos en público implica coraje; debes tener la disciplina para no deshonrarlos. Permite que la audiencia sienta tu amor por la privacidad pese a que no hay privacidad. Sé una buena ramera. El poema no es un eslogan. No puede hacerte publicidad. No puede promocionar tu sensibilidad. No eres un semental. No eres una mujer fatal. Toda esa basura de los forajidos del amor. Eres estudiante de la disciplina. No actúes las palabras; cuando lo haces, las marchitas, las matas, y lo único que perdura es tu ambición.

Expresa las palabras con la precisión con la que pones a lavar tu ropa. No te pongas sentimental con la blusa de encaje. No es preciso tener una erección al decir la palabra pantis. No te pongas friolento al ver la toalla. Las sábanas no deben poner tus ojos somnolientos. No hay necesidad de usar el pañuelo para llorar. Las medias no están allí para traer el recuerdo de extraños y remotos viajes. Solo es tu ropa sucia. Son prendas de vestir; no te asomes dentro de ellas, vístelas.

El poema no es nada más que información. Es la Constitución del país interior. Si lo declamas y lo agrandas con nobles intenciones, entonces no eres mejor que los políticos a quienes desprecias. Te conviertes en alguien que ondea una bandera y hace el llamado más ruin que puede haber a una especie de patriotismo emocional. Considera las palabras ciencia, no arte. Son un informe. Hablas frente a los miembros del club de exploradores de la Sociedad Geográfica Nacional, quienes conocen todos los riesgos del alpinismo. Te honran al darlo por hecho. Si les restriegas esto en la cara, podría ser un insulto a su hospitalidad. Háblales de la altura de la montaña y del equipo que usaste; especifica cómo eran las superficies y el tiempo que tardaste en escalar. No los manipules para que jadeen y suspiren. En caso de que te merezcas que las personas jadeen y suspiren por ti, no será por tu propio juicio, sino porque el público cree que eres digno de ello. Se deberá a las estadísticas más que al temblor en tu voz o a la forma en que tus manos cortan el aire. Será por la discreta organización de tu presencia y la información que esta transmite.

Evita la ostentación. No temas ser débil. No te avergüences de estar cansado; te ves bien cuando estás cansado. Te ves como si pudieras continuar por siempre. Ahora ven a mis brazos: eres la imagen de mi belleza.

LEONARD COHEN