Dos poemas de Hilde Domin

CASA SIN VENTANAS

El dolor nos encierra en un ataúd,
en una casa sin ventanas.
La primavera deja ver las flores
límpidas y más claras
sus aristas.
Mi noche, una apuesta,
un dado de silencio.

El consuelo
quiere entrar
y no halla puertas ni ventanas.
Enfurecido amontona la leña
quiere forzar un milagro y
enciende
la casa de dolor.

ABRIL

El mundo huele
dulcemente a ayer.
Aromas que perduran.

Tú abres la ventana.
Todas las primaveras
entran con esta.

Primavera que es más
que hojas verdes. Un beso
guarda todos los besos.

Siempre sobre la ciudad
brillante y terso el cielo
en que fluyen las calles.

Ya sabes, el invierno
y el dolor no son
algo letal.

El aire hoy huele
dulcemente a ayer.
Que olió dulcemente a hoy.

HILDE DOMIN

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