Un poema de amor

Siempre preguntándote
¿qué hay al otro lado?

Ya cruzaste el puente
y has visto que no hay nada,
el camino acaba allí.

Únicamente están los árboles,
la otra orilla del río.

¡Lo mismo de este lado!
Es todo hermoso en su conjunto.

Ella también está ahora
al otro lado de la cama
y si la estrechas entre tus brazos
formará parte de tu propia desnudez.

No tengas miedo.
Es bueno y hermoso
en su conjunto.

E.

Terraza

I

Hay tardes en las que uno escucha todo
aunque no haya nada que escuchar.

II

Rodeado de hojas verdes
miro mi cuerpo semidesnudo.

¿Y si yo también fuera verde,
si fuera leve,
si fuera como una de esas hojas
que el viento al pasar
acaricia?

III

La gata viene
y se sienta junto a mi.

Se pone a escuchar
los mil ruidos que llegan hasta la terraza.

Una mancha negra
junto a una mancha blanca.

Un ser vivo que escribe
y un ser vivo que escucha.

IV

Para qué sirven todas estas palabras
-le pregunto al acebo que me mira
desde un extremo de la terraza…

¡Su silencio es demasiado elocuente!

V

¿El silencio?
¿Qué silencio?
¿El ruido del viento en la terraza?
¿El grito del autillo en el anochecer?
¿El sonido del tic-tac del reloj?
¿Los ronroneos de los gatos?
¿El rechinar del lápiz sobre el papel?
¿El murmullo de los pensamientos?
¿El taconeo de las palabras en la mente?

E.