El deber cumplido

Tengo tanto llanto
acumulado en mi garganta.
Carmen Mariátegui

No lloré
cuando aquella bici me destrozó la oreja,
ni cuando me metí aquel clavo oxidado
en la planta del pie.

No lloré cuando todas esas chicas
fosforescentes
me partieron por dentro.

No lloré cuando murió mi madre
camino de urgencias,
ni cuando me dijeron que mi hermana
se había desangrado sola y lejos de casa
en su último parto.

No lloré cuando me dejaron solo
en aquella ciudad vidriosa
y me quedé con la espalda rota
sin nadie a quien acudir
a este lado del mundo.

De pequeño me enseñaron
que yo era un hombre
y que los hombres no lloran.

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