De qué sirve el trabajo del poeta

Foto: Chema Madoz

Minutos,
segundos a veces.
Se enciende una cerilla,
se vuelve a apagar.

Esperamos en la noche.
Salta una chispa sobre la hoja.
Se prende en llamas,
la devora.

Todo lo consume la oscuridad.

No iluminamos el camino de nadie.
¡En realidad no servimos para nada!

Pero qué bien estar allí
cuando esa frágil cerilla
vuelve a encenderse.

E.

(de “La Poesía me acaricia mordiéndome los labios y otras chorradas“)

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