Ruidos de un sueño ausente

No sabíamos lo que era yo y lo que eras tú
Karin Boye

El despertador, en la mesilla de noche,
serpentea en el oído del horizonte.

Recorro otra vez tu espalda con mis labios color algodón.

Quiero dejar escrita cada frase que no te dije
en esos mil pliegues de terciopelo de tu boca,
porque las palabras son abismos o escaleras,
y sólo los signos trazados con caricias
pueden hacer crecer flores
en el asfalto.

Sara Valverde

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