Ruidos de un sueño ausente

No sabíamos lo que era yo y lo que eras tú
Karin Boye

El despertador, en la mesilla de noche,
serpentea en el oído del horizonte.

Recorro otra vez tu espalda con mis labios color algodón.

Quiero dejar escrita cada frase que no te dije
en esos mil pliegues de terciopelo de tu boca,
porque las palabras son abismos o escaleras,
y sólo los signos trazados con caricias
pueden hacer crecer flores
en el asfalto.

Sara Valverde

Ruidos de un sueño ausente

 

No sabíamos lo que era yo y lo que eras tú
Karin Boye

A esta hora tranquila la vena azul que no palpita se vuelve hábil
y aquellas figuras del paisaje, restallante de calcio,
van ayuntando cuerpos al cordón umbilical de la noche.

Yo me siento a escudriñarte sin las formalidades de mi cabeza
y te encuentro más bello cada día: ángel recién salido del útero.

Quisiera agarrarte y quedarme atascada durante veinte minutos
en tu espalda de arrecifes de coral,
quisiera ser el ruido de tu sueño transparente en las primeras lluvias de octubre
o una rama de la jacarandá pariendo flores menstruales.

Pero soy humana y mortal como las algas de Nueva Zelanda
y este insomnio no da para mucho.

Carmen Garrido