Tus frondas sabían a justicia

¡Qué rico sabían tus frondas, mami!
Hoy lo recuerdo y se me encharca el corazón.

Y eso que soy un tipo duro.
Pero cuando te me pegabas al cuerpo
se me alteraba el pulso.

Entonces yo sabía con toda seguridad
que iba a saborear esas frondosas frondas tuyas,
ricas como el marañón que aprieta la boca.

Ahora ya no sé una mierda.

Dejaste mi pecho al descubierto
y te llevaste tus frondas a otra parte.

A cobijar a otro con más plata,
así eres tú de espléndida.

Pero yo soy un tipo duro.
Y aunque hoy escupo este bolero
sobre la barra de un bar aborrachado,
tú nunca te vas a enterar
del desbarajuste que dejaste en mi vida.

No te vas a enterar
ni por fax,
ni por correo electrónico.

Pedro Juan Gutiérrez

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