El mago

La palabra camino
crea el asfalto negro
y las rayas blancas
que se besan entre sí
al fondo de mis ojos.

La palabra multitud crea
un montón de gente
caminando…
Nadie sabe hacia dónde,
nadie sabe por qué,
pero ellos no cesan de
movérseme por dentro:
por las carreteras asfaltadas
de la sangre,
por los barrios semiluminados
del corazón.

La palabra ventana crea la espera
y crea la plaza,
y luego crea a esa chica,
que parece una hoja que danza
sobre los adoquines,
que parece una gota de lluvia
cayendo,
que parece el reflejo de una palabra
en el agua invisible.

La palabra pulmón aspira a la noche,
crece hacia la noche, la devora,
y cuando la expira
la noche se enciende
de palabras recién nacidas.
Una noche no escrita,
una noche que no está fuera
ni dentro de mí,
que me contiene,
pero que ninguna palabra
puede contener.

La palabra olvido
crea el recuerdo.
La palabra silencio
crea la música.
La palabra oscuridad
crea la luz.

La palabra alegría…
la palabra alegría
crea este mundo.

E.

(de El mago de chicle)

(Ilustración de Marta Lage de la Rosa)

Sueño tras ventana

Detrás de esa ventana está la vida. La vida de una chica de pelo rojo. La chica está durmiendo con el chico de sus sueños que ha venido a soñarla desde el amanecer. Y la ha soñado tanto y tan bien que ahora la chica agotada descansa en su cama de adobe verde. Y cuando muera el sol de la tarde, abrirá de par en par las ventanas de su vida recién soñada, para regar la vida de las plantas de afuera que iluminan la pequeña terraza con una suave luz malva.