Manifiesto poético

Todo está aquí. La palabra no es más que una sombra o una luz.

Con ella me tapo la cabeza para que explote dentro de ti, con ella enciendo una lámpara para quemar el mundo: mi mundo, tu mundo…

Renacerá otra vez. Y seguirá cantando porque todo está aquí.

Decimos que podemos curarlo, decimos que podemos cambiarlo, decimos palabras y creamos un mundo nuevo. O no decimos nada y amamos todo lo que está aquí y allí.

Con palabras apuntamos dándole por la espalda al mundo o apuntalando lo que ha de venir.

Se hará el silencio algún día.

Seguiremos cantando.

E.

(de El mago de chicle)

(Ilustración de Marta Lage de la Rosa)

Sobremesa

Quedarse así,
en una esquina de la mesa,
en una esquina de la sala,
en una esquina de la ciudad,
en una esquina de la noche.

Fijarse en la ilusión del tiempo
que rueda plácido por el humo del café
y salta de una taza a otra,
de un silencio a otro,
del ojo a la nada.

Fingir que estamos pensando
mientras saboreamos las tazas de café
que en su negra abundancia nos promete
prolongar este instante quieto
sin nada que sentir
ni que desear,
sin nada a qué aferrarse.

Dejar de ser un dos
con dos tazas y dos espejuelos
cuando hasta la terca soledad
desaparece.

Saberse indestructible y eterno
como ese humito juguetón.

E.