Una energía ilimitada

Ser una luz en el mundo es ser un corazón que se entrega. Cuando llegas al límite de ti mismo, al límite de tu propio egoísmo, de tu propio aislamiento, de tu propia confusión, encuentras que lo que hay más allá no tiene límites y encuentras que es esa energía infinita el verdadero soporte de este mundo: tu mundo y el de los demás.

Y como esa energía siempre se está dando a si misma, solo puedes ser uno con ella si tú también te das a ti mismo. Entonces descubres que lo que creías ser es una completa ilusión y que en realidad tú mismo no tienes límites.

E.

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