Manojo de espuma

Alzas un gordo
trozo de espuma con tus manos diminutas
y te quedas mirándola
ensimismado.
Luego me miras
y te ríes.
Y otra vez miras la espuma entre tus manos diminutas
y te ríes.
Y otra vez… y otra vez te ríes.
Y otra vez
alzan tus manos la risa contagiosa de la espuma,
sus contornos mágicos,
que ahora llenan toda la bañera y el baño,
que se filtran
por la rendija diminuta de la puerta al mundo.
Gracias, hijo, por el regalo luminoso de tu risa
que ahora es mía.
Se la regalaré a los otros.
Sobra un trozo de espuma en cada casa
para reírnos juntos.
E.

(de El mago de chicle)

(Ilustración de Marta Lage de la Rosa)