Loma abajo

Caminar sin apuro, pensando que tal vez no es el tiempo un fuego de caballo sino el trote hacia adentro, clavando las pisadas en lo oscuro para que la luz brote.

Mirar la desnudez de la calle, su clara libertad mostrándose a los sucios zapatos por los que tiernamente se deja acariciar, su larga cabellera de viento trenzando el humo negro de los carros.

Y uno va deslizándose por la acera como un sueño, pensando que allá lejos, donde parece que la calle muere y nace un arroyo de aguas vivas, los bordes del tiempo se unirán, y podrá la imagen de piedra besar a la imagen de aire.

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