Rojo, de Angelines Cuenca

El niño esquiva a su memoria.
A veces, incluso la esconde tras el silencio:
Testigo a través del cristal
un olmo del jardín.
La inocencia
en ese misterio que brinda la noche
se marchita.
Un pequeño estuario rojo,
una isla inaccesible en mitad de la alcoba,
una silueta que dibuja la madrugada
y el niño, ese niño, deja de ser niño.
Fuera,
tan solo un olmo que una noche más deja caer sus hojas.

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