La amante, de Sunil Gangopadhyay

La poesía me acaricia mordiéndome los labios.
Me saca del suelo y me conduce
  a la habitación situada en la terraza.
La poesía ha roto todos los botones de mi camisa.
¡Me ha tirado las zapatillas!
Si la olvido
  resulta que me empuja
al instante delante del autobús.
Si estoy enfermo vela a mi cabecera.
Le gusta jugar con los placeres.
  Si intento
    romperla
      como un espejo
    me muestra su cuerpo desnudo.
Si toco este cuerpo, mi paz se altera,
  mi corazón arde, arde
    mi cuerpo y yo también.

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