Un poema de Tagore

Tus ojos me preguntan tristes y quieren ahondar en mi sentido como la
luna en el mar.

Sin esconder ni retener nada, te he desnudado mi vida, desde el
principio hasta el fin.

¡Por eso no me conoces!

Si yo fuera solo una joya, podría partirme en mil pedazos y hacerte
una sarta para el cuello.

Si yo fuera solo una florecilla redonda y dulce, podría arrancarme de
mi tallo y ponerme en tu pelo.

Pero ¿dónde están, amor, los confines de mi corazón?

Tú no conoces bien mi reino, aunque seas su emperadora. Si esto fuera
solo un momento de placer, florecería en una sonrisa fácil y tú
podrías verla y comprenderla en un instante.

Si fuera esto solo un dolor, se derretiría en claras lágrimas y tú
verías lo más hondo de su secreto sin hablar él una palabra. Pero esto
es el amor. Su dolor y su placer no tienen límites, y son sin fin en
él necesidades y tesoros. Está cerca de ti como tu vida misma, amor
mío, ¡pero tú nunca podrás llegar a conocerlo del todo!

Tagore

Y si todo esto, de Szymborska

¿Y SI TODO ESTO?

¿Y si todo esto
sucede en un laboratorio?
¿Bajo sólo una lámpara de día
y miles de millones por la noche?

¿Y si somos generaciones en prueba?
¿Vertidos de un recipiente a otro,
agitados en retortas,
observados con algo más que un ojo,
uno a uno, por separado,
cogidos con pinzas?

¿Y si no es así?,
¿ninguna intervención?
¿Los cambios se producen por sí solos
de acuerdo con el programa?
¿Traza la aguja en un diagrama
el lento zigzag previsto?

¿Y si por ahora no hay en nosotros nada interesante?
¿Se conectan pocas veces los monitores de control?
¿Sólo en caso de guerra, de una guerra más bien grande,
o de vuelos por encima de esta miga que es la tierra,
o de grandes migraciones del punto A al punto B?

¿Y si es al contrario?
¿Allí sólo se deleitan con anécdotas triviales?
Mirad, una niña en una pantalla gigante,
se cose un botón en una manga.
Los sensores silban,
el personal se agolpa.
¡Ay, un bichito con un corazón
que le palpita dentro del pecho!
¡Con qué entrañable seriedad
enhebra la aguja!
Alguien en pleno éxtasis exclama:
¡Avisad al Jefe,
que venga a verlo con sus propios ojos!

WISLAWA SZYMBORSKA

Una poetisa bengalí

Como una piedra

La ciudad abarrotada de hombres, el hombre a hombros del hombre
los perros a los pies del hombre:
ni al hombre ni al perro: no reconozco a nadie.
Llegaron de un planeta extranjero.
O soy yo. ¡La extranjera!
Soy yo, no otra alguna, la que siente el vacío.
Las hojas del árbol se me escapan
las flores me parecen invisibles.
Camino por la hierba pero no es hierba,
es piedra
las nubes no son nubes verdaderas
la luna es irreal.
Bajo la lámpara sigo inmóvil como un cuerpo de sombra
y las raíces brotan de mi cuerpo de piedra.
Extranjera a mí misma yo me siento.
Gris es la ciudad.
Gris el agua del río, también él.
Sólo él me era cercano, él que tocaba mi pelo alborotado,
él, que por mí ha llorado, él, este río.
Le dije el otro día:
Me pareces hoy de piedra,
Y él me dijo,
jugando con el viento:
-¡Tú también!

Taslima Nasreen