Una mujer negra, de William Carlos Williams

UNA MUJER NEGRA

llevando un ramo de clavelones
envueltos
en un viejo periódico:
los lleva rectos,
con la cabeza descubierta,
el volumen
de sus muslos
haciéndola balancearse
conforme avanza
mirando
la vitrina de una tienda
que queda en su camino.
Qué es ella
sino una embajadora
de otro mundo
un mundo de lindos clavelones
de dos tonos
que ella anuncia
sin saber lo que hace
más
que caminar por las calles
sosteniendo las flores rectas
como una antorcha
tan temprano en la mañana.

WHILLIAM CARLOS WILLIAMS

Lo que sé, de Silvia Piranesi

Lloré abrazada a una mula, como Nietzsche. No hay mejor excusa para la
tarde. Fui a tu casa de noche. Volví a verte. El perro sin cuerpo que
ladra desde la calle. Allá en el fondo sé que hay un perro y sé que no
hay nada. Sé que en la esquina muerde la calle. Sé que no hubo tiempo.
Sé que todo ladra. Sé que volver a casa es llorar como perro, ladrar
como mula. Sé que no hubo lluvia. Ni eco ni odio. Sé que no lloré
abrazada a una mula. Sé distinguir el negro del negro. Sé contar los
números, perderlos de vista, inventar una secuencia que me lleve a la
ciencia. Sé que no estoy perdida. Sé que perdí la habilidad de
recordar la cronología lenta de mis eventos.