Aliento, de Mark Strand

Aliento

Cuando los veas
diles que sigo aquí,
que una pierna me sostiene y otra anda en las nubes,
que es el único modo,

que las mentiras que les cuento no son las mentiras
que me cuento,
que por estar aquí y allí
soy ya casi horizonte,

que como el sol sale y se oculta sé cuál es mi sitio,
que es el aliento lo que me salva,
que hasta las sílabas forzadas del ocaso son aliento,
que si el cuerpo es un sepulcro es también un depósito de aliento,

que el aliento es un espejo empañado por palabras,
que el aliento es lo que queda del grito de socorro
al adentrarse en el oído del extraño
y sobrevive mucho tiempo a la palabra,

que aliento es otra vez principio, que toda resistencia
se desprende de él como el sentido se desprende
de la vida, como la oscuridad se desprende de la luz,
que aliento es lo que les doy cuando les envío mi amor.

Mark Strand

Un texto de Ana Ajmátova

Se han quedado pegadas dos hojas de tu libro, una gota de miel
accidentalmente derramada. Al despegarlas, contemplo que las palabras
se han unido en otro poema, tú, que en ellos hablabas de sueños
sobrenaturales, del color púrpura, de la chacona de Bach, de la
aurora, de flores y poetas, de rostros hundidos, de tus poemas del
cuaderno quemado…Y sin embargo, esa gota queriendo borrar los años
terribles, cuando reinaban los lutos sobre las calles de Leningrado.
Como si con una gota de miel bastase.

Ana Ajmátova